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Descansa en paz amigo Pez Abisal

Por Kevin Hérnandez Cruz

Hace un par de días la bióloga Laia Valor registró a un rape abisal adulto – Melanocetus johnsonii – cerca de la costa sur de Tenerife. Ante la suntuosa escalada de este pez, propio de la zona abisal del océano, y tras su difusión en redes sociales el asombro, la melancolía, la abrumación, la sensación de que algo nos falta y ciertos aires de esperanza salió a flote; homologando el acto de este ser, como una proyección del tiempo tan desastroso que vivimos, con su eventual sentencia final: la muerte.

 Aunque la muerte del pez diablo, ocurrió tras esta expresión de su vitalidad (interpretada como síntoma de una enfermedad, de su encuentro con una corriente marina, solo como un acto de escape frente a un depredador o quizá como consecuencia de los cambios bruscos de su entorno ecológico), para nosotros nos queda el tedio de un presente que se desborda sobre sí mismo. Ante esto, unos se desviven en el hate y el shitposting; los menos, se refugian en este tipo de imágenes entre añoranzas, inspiraciones, utopías y resabios de una esperanza efímera que decae ante un nuevo suceso viral   

Para Mark Fisher (escritor y filósofo) – quien cegó su propia vida en 2017 – vivimos en un tiempo caracterizado por una “hedonia depresiva” la cual entiende fuera de su acepción convencional, pues la describe como la incapacidad para hacer cualquier cosa que no sea buscar placer (paradoja neoliberal de la felicidad). Zeistgeist, caracterizado por una tristeza que se oculta bajo una conexión digital saturada. 

¿Por qué señalar la fealdad del pez diablo? Hoy lo que convoca en las redes sociales, es la frustración y el odio, de ahí, que se señale la corporalidad de este ser, distante a nosotros y con los rasgos que nos gusta envilecer. Por ello, algunos usuarios sentenciaban la monstruosidad de su cuerpo, cuando la verdadera monstruosidad radica en la agonía de este tiempo acelerado.

 Estas manifestaciones suelen sintetizarse en el plano online en explosiones momentáneas de un placer hueco, en forma de diálogo estrepitoso y algunas veces como faros de inspiración insípida. Por consiguiente, la burla y el escarnio se dotan de sentido al concebirlas como satisfacciones o recompensas inmediatas, sobre todo, cuando tienen aceptación y resonancia. No hay contemplación, solo verborrea y algoritmos que viralizan lo oscuro dentro de la hoguera digital.

La otra lectura de este suceso, invita a la salida de la zona de confort, situación que de nueva cuenta remarca la torpeza del individuo por no alcanzar un mejor futuro, banalizando las complejas situaciones estructurales que nos han llevado a caer en el doomscrolling para aguantar o no caer en desesperación. Dentro de las atmósferas y grupos digitales la tristeza eclipsa la ironía, sofoca esperanza y lleva a soliloquios optimistas burdos. Las loas al pez diablo encallan, mientras este emerge.

Escenas como esta, en otro momento de la historia hubieran resultando en la emergencia de cosmogonías. Hoy, la nitidez con que fue capturado su movimiento revela la perdida de todo sentido en el ocean meme. Para quienes no hayan desechado su capacidad de asombro y sigan en las huestes del mundo del encanto, el nado en vertical de este ser, resulta en un sueño           – también posible contacto – de esos otros mundos que convergen en nuestra soledad anónima. 

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