Hace mรกs de mil quinientos aรฑos, los antiguos ceramistas de Colima lograron algo extraordinario: convertir el barro en emociรณn.
Esta escultura perteneciente a la cultura de las tumbas de tiro, estilo Comala (300 a.C.โ600 d.C.), representa a un perro echado sobre el suelo, con la mirada atenta, la cola levantada y una expresiรณn que transmite alegrรญa y cercanรญa. Su cuerpo robusto, las orejas erguidas y la vivacidad de sus gestos revelan el impresionante nivel artรญstico alcanzado en el Occidente de Mรฉxico.
Pero en el pensamiento mesoamericano, los perros eran mucho mรกs que animales domรฉsticos. Se les consideraba compaรฑeros, protectores y guรญas de las almas en el trรกnsito hacia el inframundo. Por ello, muchas de estas esculturas fueron depositadas en tumbas, acompaรฑando a los difuntos en su viaje al otro mundo.
La pieza representa probablemente a un antiguo tlalchichi, un perro chaparro de pelo corto mencionado en fuentes del siglo XVI, distinto al xoloitzcuintle y profundamente ligado a la vida cotidiana y ritual de Mesoamรฉrica.
Mรกs que una figura de barro, esta obra conserva una relaciรณn que sigue intacta hasta hoy: el vรญnculo entre los seres humanos y los perros.
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๐๏ธ Museo Nacional de Antropologรญa
๐ Sala 7. La muerte
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