Luis Ortiz
El uso intensivo de insecticidas sintéticos sigue representando una amenaza para los polinizadores, en especial para las abejas, cuya población disminuye en todo el mundo, impactando de manera directa la producción de alimentos y el equilibrio de los ecosistemas.
En México, organizaciones ambientalistas calculan que cada año mueren más de 30 mil millones de abejas por efecto de las fumigaciones, la pérdida de su hábitat y el cambio climático. Héctor Cabrera Mireles, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), advirtió que el uso desmedido de agroquímicos continúa afectando gravemente a la biodiversidad del país.
“Es un problema mundial el abuso de insecticidas químicos sintéticos. Estos productos son elaborados por compañías transnacionales y dañan a las abejas y a otros insectos. La alternativa es emplear agentes biológicos nativos, los locales, los que ya existen. Para ello, el INIFAP está preparado para incrementar la producción de agentes biológicos para el control de plagas y también para la fertilización”, explicó.
Precisó que, gracias a estos métodos biológicos, ya se ha logrado sustituir alrededor del 50 por ciento del uso de fertilizantes químicos en México. Recordó además que las abejas participan en la polinización de más del 70 por ciento de los cultivos que alimentan a la población, por lo que su desaparición tendría efectos económicos y ambientales muy severos.
“Las abejas son el principal polinizador natural. Al perjudicarlas, no solo se afecta la producción de miel, también se atenta contra la polinización de nuestra vegetación. Si no hay abejas, disminuye la producción vegetal, se deteriora la calidad de nuestro ambiente y nos estamos intoxicando a escala mundial”, advirtió.
Ante este panorama, hizo un llamado a las autoridades federales para que definan políticas públicas que impulsen la investigación y la producción nacional de agentes biológicos. Consideró que la megadiversidad natural de México es una ventaja que debe aprovecharse para proteger la agricultura y, al mismo tiempo, ayudar a recuperar el equilibrio ambiental en las zonas más impactadas por la contaminación derivada de la agricultura intensiva.













