Por Luis Ortiz
El antiguo cine Buñuel, ubicado sobre la avenida Salvador Díaz Mirón en el puerto de Veracruz, permanece aún en pie como un vestigio de otra época, cuando ir al cine formaba parte de la rutina y la vida social de cientos de familias veracruzanas.
Inaugurado en la década de los setenta, el recinto fue durante años uno de los espacios más concurridos para disfrutar estrenos cinematográficos y funciones que reunían a jóvenes, parejas y familias enteras. Sus salas llegaron a ser punto de encuentro habitual en una ciudad que encontraba en el cine una de sus principales formas de entretenimiento.
Con el paso del tiempo y la llegada de los complejos cinematográficos modernos, la asistencia comenzó a disminuir. El cine Buñuel fue cambiando su programación hasta cerrar definitivamente sus puertas en 2014. Desde entonces, han pasado más de diez años en los que el edificio permanece abandonado.
Hoy, el inmueble sigue ahí, resistiendo entre el tránsito constante de la avenida Díaz Mirón, pero muy lejos de aquellos días de luces, carteleras y filas para comprar boletos. La pintura desgastada, las entradas deterioradas y el evidente abandono han transformado el lugar en una estructura silenciosa que contrasta con el movimiento urbano que la rodea.
Quienes pasan frente al antiguo cine difícilmente imaginan el bullicio que alguna vez llenó sus pasillos. Ahora, su aspecto oscuro y descuidado le da una imagen que muchos consideran inquietante, casi terrorífica, especialmente al caer la noche.
Aun así, el viejo cine Buñuel permanece como un recuerdo tangible del Veracruz de otras décadas, una construcción detenida en el tiempo que guarda, entre sus muros vacíos, la memoria de generaciones que alguna vez se reunieron ahí para ver historias en la pantalla grande.













