- El director catalán Tomàs Grau logró una jornada de enorme impacto.
- No existen buenas o malas orquestas. Lo que hay son buenos o malos directores.
Jorge Vázquez Pacheco
Boca del Río, Veracruz. – Pese a las inclemencias del tiempo y el vendaval que aún azotaba la costa central del Golfo de México, se logró concretar el programa que marcaría el debut del catalán Tomàs Grau ante la Filarmónica de Boca del Río, el pasado sábado 11 de octubre, con un programa que incluiría la primera audición absoluta del Concierto para trompeta del xalapeño Rodrigo Lomán, complementado con la Sexta sinfonía del ruso Piotr Ilich Chaikovski.
Varios detalles atraen nuestra atención en torno del desempeño (magnífico, reconozcámoslo desde ya) de un director cuya hoja de servicios incluye actuaciones con gentes de los tamaños de Midori, Ivo Pogorelich, Maria João Pires, Mischa Maisky, Sabine Meyer y muchos más. De inmediato se intuye que alguien así debe traerse algo entre manos, y no debe ser poco. No lo fue. Grau mostró, de inmediato, empatía con las filas de instrumentistas, afinidad hacia una partitura nueva para todos y amplísimo conocimiento sobre la obra que cerraría su programa.
El Concierto de Lomán
La creatividad de Lomán, pese a que podemos ubicarla en un renglón propio del nacionalismo contemporáneo, por llamarle de alguna forma, está muy lejos de ser “previsible” y apoyarse en el tratamiento de temas conocidos. El suyo es un estilo que busca su propio derrotero, no obstante apoyarse en los contornos propios de la música vernácula. Se trata de un trabajo pulido delicadamente mediante un tratamiento melódico y armónico que depara sorpresas agradables al oyente.
Ejemplo de ello es el primer movimiento del Concierto para trompeta, una especie de jarabe estilizado que muestra dos inesperados virajes a modo menor, modulaciones que aderezan delicadamente la vertiente sonora. Las fracciones siguientes se desenvuelven en el ámbito del danzón y son huasteco, tan originales en su concepto que en ningún momento se parecen a lo antes escuchado. Momento importante durante el segundo movimiento ha sido el dúo de solista con primer corno (inédito en repertorio, nos atrevemos a suponer), para el logro de un especial y amable efecto con base a timbres contrastantes.
Minutos antes de la audición, durante la charla de apreciación previa, Lomán indicó que su Concierto tuvo como destinatario específico a Remijio (así, con jota), músico originario de Oaxaca cuya formación inicial se dio en las bandas pueblerinas, antes de pasar a la Orquesta Universitaria de Música Popular y a la Sinfónica de Xalapa. Rodrigo aludió a la versatilidad del Remi, lograda a través de su paso por las diversas agrupaciones. Es menester la mención al hecho de que este joven solista logró un desempeño intachable, en una obra que curiosamente no abunda en agudos, aunque sí explora discretamente el timbre grave de la trompeta.
La Patética
Escuchar la Sexta sinfonía de Chaikovski es asistir al atisbo hacia las más íntimas torturas de un espíritu desequilibrado emocionalmente. Desde el inicio, el amargo solo en el fagot de Cory Burns fue indicativo de que nos aguardaba algo fuera de lo ordinario. Lo siguiente fue el estremecedor repaso a una partitura que ha merecido el epíteto de “la sinfonía del suicidio”, por históricas razones que no viene al caso repetir, hasta desembocar en el Adagio lamentoso, un movimiento de amarga desolación que aporta la idea del acatamiento hacia un fatal destino.
Este final es más dramática claudicación sin ápice de rebeldía, y se da mediante una música que se disuelve entre las sombras de la desesperanza. Seguramente por ello, la Sexta sinfonía conocida como “Patética” fue observada, después de la muerte de Chaikovski, con una morbosa curiosidad que paradójicamente contribuyó a su rápida difusión.
Aquí es necesario destacar la disposición mostrada por los integrantes de las diversas filas, mediante una batuta que supo equilibrar adecuadamente la sonoridad de la sección completa de maderas y metales ante la reducida fila de las cuerdas. Por enésima ocasión, la tuba de Luis Francisco Hernández respondió con creces en los momentos de máxima exigencia, respaldado por la batería de trombones enriquecida con la presencia de Edmundo Serrano. Ante la imposibilidad de reseñar cada uno de los momentos de singular impacto, solo podemos elogiar la sorprendente respuesta del conjunto ante la exigencia de un maestro huésped que conoce al dedillo la obra y que ha sido capaz de transmitir desde el escenario del Foro Boca el espíritu colmado de soledad y desamparo que caracteriza al “canto del cisne” de Chaikovski.
Tomàs Grau nos trajo a la mente el desempeño del maestro ruso Efrem Kurtz, quien hacia inicios de la década de los años 80 se hizo presente en la sala Nezahualcóyotl para encabezar un programa que incluía precisamente la Patética de Chaikovski, ante una Filarmónica de la UNAM que no transitaba precisamente por sus buenos momentos artísticos. Aquella memorable audición reiteró el insoslayable principio básico de que no existen ni buenas ni malas orquestas; lo único que hay son buenos o malos directores.
Grau, por demás eficiente y expresivo, es un maestro que necesitamos ver con mayor frecuencia al frente no solo de la Filarmónica de Boca.
Para el viernes 17 se anuncia otro acontecimiento en el mismo Foro Boca: el regreso del inconmensurable Jorge Mester, el decano de los directores nacionales fundador de la Filarmónica de Boca del Río y que ha generado las más notables jornadas artísticas en este recinto.













