Axel Juárez|
Gabriel Doramé Ceceña se regodea en una complejidad narrativa lúcida y jugosa, que echa
mano de toda una tradición cinematográfica. A lo largo de sus eclécticas escenas
encontramos pinceladas de Godard, Rohmer, von Trier, Lynch. La ambigüedad como
materia prima y como recurso precioso: tal como en el impresionismo francés. Verlaine, en
su Arte Poética nos invita y seduce con lo ambiguo y lo sutil: «La música ante todo /
preferimos por eso mismo el verso imparasílabo / que es más vago y soluble / y que no
tiene ningún peso ni pose que lo tiente. / No olvides tampoco el elegir palabras / que se
presten al equívoco / quedémonos con una canción gris / que junta lo más claro a lo
indeciso / como unos bellos ojos tras un velo / o la trémula luz del mediodía / como un
sueño de otoño que se entibia / o el amasijo azul de los luceros. / Lo que buscamos siempre
es el matiz / sólo el matiz / y nada de color / sólo el matiz hermana / sin herir sueño con
sueño / flauta y bronco son. / Retuércele el pescuezo a la elocuencia / y no estará de menos
con mano dura / poner coto a la rima…»
En esta película, Gabriel mantiene a raya la rima cinematográfica, es decir, una narrativa
convencional, mientras da lugar al equivalente visual del equívoco, a la música y sus
vericuetos improvisatorios. The Man exprime los recursos del oficio, los evoca y malabarea
con destreza hasta dejarnos una canción gris, como sugiere Verlaine, sin embargo esta
canción visual huele a jazz, sabe a Tom Waits y tiene un regusto a Leonard Cohen.
El breve argumento de la película que se lee en IMDb reza: «un hombre perturbado
despierta encadenado dentro de una habitación, luchando por recordar su identidad y por
encontrar una salida, antes que la bomba que se encuentra frente a él explote». Mediante
siete breves capítulos Doramé Ceceña evoca e interpreta las relaciones simbólicas entre la
paranoia, las tensiones, los sueños, el amor, la desesperanza y las cadenas hasta llegar a las
puertas de un sol que no sabemos bien si nace o muere. Bendita ambigüedad. Maldita por
desestructurar las representaciones que tenemos de una habitación, la identidad, una salida,
una bomba. Doblemente bendita por dejar perdernos, reflejarnos y transformarnos.
Axel Juárez (colaborador)
Axel Juárez (Xalapa, Veracruz., 1985). Estudió guitarra clásica, informática y sociología. Ensayista
ecléctico, ha escrito “Melomanías para literófilos. Cinco ensayos para explorar la
interdisciplinariedad musical” (2013) y “Elucubraciones sonoras. Encuentros y desencuentros en
música y literatura” (2017).
















