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Archipiélagos de la lucha libre

Por Kevin Hérnandez Cruz

Donde no hay lucha libre hace frío. Vale para las arenas, coliseos, barrios, parques o mercados. Un frío de cataclismo, un paramo de amnesia, y en algunas circunstancias un llano de melancolía.  En el kilometro 8.5 de la carretera que conecta Jilotepec con Coacoatzintla en Veracruz, se encuentra un oasis que se difumina en la densidad de la neblina de esta zona boscosa. Aquí emerge el “Tirantes Natural Gym”, un recuerdo que palpita en la sombra de uno de los réferis más populares dentro de la lucha libre mexicana: El Tirantes. 

Entre los fierros, propios, de los gimnasios más humildes, se contrastan las memorias de El Tirantes, que engatusan a los visitantes, capsulas del tiempo que nos muestran a otros luchadores, conductores de televisión, actrices o actores. Aquí no hay monserga en las noches de lucha libre, solo calor cuando el anfitrión de este espacio emerge y se revela ante un público íntimo que lo tiene frente a frente. 

Acogedor, con un ring más pequeño que el promedio, la función llama a la contemplación de las y los luchadores, no hay a donde voltear y distraerse. La puesta en escena no solo acontece en la refriega de las llaves y lances, también en las atenciones de la esposa e hija de esta leyenda; nos encontramos frente a un nicho familiar luchistico, en donde El Tirantes afirmó: “mis nietos han sido paridos en este ring”.

Pero ¿para qué ir tan lejos, a la mitad de la nada, cuando ahora Netflix tienes las exclusivas de la WWE? Ya puedo ver al Penta y al Rey Misterio jr. juntos en la comodidad de mi sala o cama, todo el show está consumado, así este en vivo y con la mejor resolución.  Al menos en Xalapa la oferta de la lucha libre es basta y rica con una baraja de luchadores tan diversos, que bien vale la pena conocer de frente, para mentarles la madre, tomarse la foto, sentirlos y compartir el calor del encuentro.   

Por más que estemos tapados entre capas de cobijas viendo la WWE, el frío será una constante. Conozcamos a nuestras y nuestros luchadores locales, la espectacularidad no radica en los efectos técnicos o las narraciones de una voz en off, sino en el calor que surge cuando te encuentras con otro que grita: ESTO ES LUCHA. Hagamos archipiélagos, aunque efímeros, que nados en los océanos del streaming actual.

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