Por el Lic. Antonio González Marcial/ Uno de los temas importantes de la nueva Administración es la lucha contra la corrupción que desde siempre ha sido un cáncer que se vive en todos los ámbitos del quehacer cotidiano. Es un problema que prevalece en los tres niveles de gobierno y sus Instituciones, podría estar determinando, desde el silencio y la clandestinidad, el éxito o fracaso de muchas otras políticas económicas y sociales. La corrupción podría estar dividiendo al mundo entre aquellos países que, tarde o temprano, accederán al desarrollo y otros que tropezarán sistemáticamente por el costoso asunto. Por lo tanto, lo primero es medir su impacto en nuestro país, aunque es un hecho que el Gobierno entrante y su gabinete ya cuentan con suficiente información al respecto, para lograr que a nivel federal, estatal y municipal se tomen las medidas necesarias para cercarla, desde luego no es tarea fácil, pero debemos entender que para extirpar este tumor,que tanto daño ha causado a nuestro tejido social, se necesita la participación no solo de las autoridades, sino de toda la ciudadanía iniciando en cada uno de los hogares localizados en el territorio nacional.
Resulta claro que uno de los objetivos de largo plazo de todo país que se lance a la lucha en contra de la corrupción es arraigar una cultura ciudadana de respeto a las normas que evite las desviaciones y los contubernios. Ello constituye la materia prima del pacto que nos aleja de los sujetos negativos que están en contra de lograr una moral ciudadana que nos permita mejores niveles de bienestar. Es inevitable reconocer que los países que han logrado una mayor Institucionalización son también aquellos en los que hay una cultura ciudadana que en la vida de todos los días sostiene a las Instituciones.
Las instituciones son resultado, por un lado, de leyes, normas y aparatos burocráticos encargados de su aplicación y seguimiento, pero, por otro lado, es muy importante reconocer la existencia de una ciudadanía convencida y combativa en favor de un estado de derecho como el mejor acuerdo que los humanos podemos darnos a nosotros mismos.
No es casual, que si en México se diera un mayor arraigo ciudadano para el logro de un verdadero estado de derechose tendría una vida institucional de mayor fortaleza y lograríamos índices más altos de bienestar.
Por fortuna, el reciente triunfo de MORENA deja entrever la esperanza de un cambio estructural en todo el aparato de gobierno y, todo parece indicar que la ciudadanía tiene el buen ánimo de apoyar las políticas públicas encaminadas a resolver los rezagos en todos los aspectos de la vida institucional.
La corrupción es un impuesto altamente regresivo, vuelve más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Pero a diferencia de otros impuestos regresivos que pasan por un amplio debate en la plaza pública, la corrupción se mantiene intocada en lo que a justicia se refiere. Es notable revisar el discurso político de muchos partidos que aún en la segundadécada del siglo XXI, siguen tratando la corrupción sólo como un problema penal. Además de las condenas de tipo ético, moral y de las consecuencias que de ella se deriven, la corrupción debe ser insertada en la agenda de justicia.
En nuestro país, la Encuesta Nacional de Corrupción y Buen Gobierno demostró que la pequeña corrupción que afecta a los hogares supondría un impuesto dos veces mayor a las familias de bajos ingresos que a las familias de ingresos medios y altos.
Aquí conviene retomar la discusión sobre la cultura de la ilegalidad como un factor central para combatir la corrupción, sin embargo, en México aún cuando el problema ya es demasiado alarmante, la población considera que no lo es. Dos de cada tres mexicanos así lo manifiestan, no se le considera grave pues, al fin y al cabo, se le sitúa entre los actos individuales, es decir, entre personas, y que por lo tanto afecta solo a personas. Por ello, no se puede transmitir la profunda dimensión social del problema. Cuando un ser humano tima a otro, daña los intereses particulares de esa persona, esto es un hecho muy grave que merece condena, es, sin embargo, radicalmente distinto de un acto de corrupción.
Si tomamos un caso típico, una infracción de tránsito que nunca se paga y que se resuelve con una mordida. Los dineros que debieron ir a las arcas de la tesorería de la institución correspondiente encontraron buen acomodo en el bolsillo de algún agente.
Ahora vayamos cuando una Licitación Pública es asignada con un sobreprecio, la víctima es el ciudadano, la ciudadanía en general que tiene que pagar más por un puente, por una planta de generación de energía, por una presa, o que recibe una obra pública de menor calidad, sea ésta una escuela, una carretera o el equipo médico de un hospital. En estosaspectos se debe alertar a la población sobre los costos sociales, es decir, sobre el hecho de que todos pagamos el fenómeno.
Todo lo anterior nos lleva a la necesidad de trabajar con mucho ahínco en jornadas de concientización a la ciudadanía que en un 25% considera a las prácticas inmorales como algo natural, existe en eso una especie de resignación- los seres humanos son todos iguales y siempre cometerán actos ilegales. La moral no evoluciona, es en todo caso, una fatalidad.
grafica: josecarbonell.wordpress.com













